domingo, 27 de julio de 2003

Ironman Frankfurt 2003

Hoy es el día, son las 4 de la mañana y acaba de sonar el despertador. Mientras estoy en la cama veo como el resto de mis compañeros se levantan también, yo espero un poco mas y pienso en lo que se me viene encima...
Mientras desayunamos hacemos bromas, no son horas, pero con las risas se nos pasan los nervios. Cada uno de nosotros tiene un objetivo distinto, bajar marca, Hawaii, simplemente acabar...

La organización pone un autocar gratuito para ir al lago donde se hace la natación, las chicas nos acompañan para poder ver la salida, que es espectacular, también tiene mérito lo suyo, el aguantar tantas horas...

Pasa el tiempo y son las 6:45, 15 min para la salida. Dejo todo preparado y me dirijo a la salida, veo que hay mucha cola y que del arco de salida hasta donde realmente se sale, hay unos 100 metros que hay que nadar y mantenerte flotando en el agua hasta que se dé la salida. Me he entretenido y tengo que esperar mucho, no sé si me va a dar tiempo. Entonces recurro a mi picaresca y cual cabra montesa desciendo por un montículo y voy a parar a primera línea de salida, sin nadar un solo metro. Para sorpresa, el agua no está fría. Veo a dos compañeros y los saludo, entre 1800 personas, también es casualidad.

Se da la salida y el hecho de estar en primera línea, aunque un poco escorado, me supone algún que otro golpe, patada, manotazo, etc, a los 400 metros o así la cosa se calma y puedo nadar más tranquilo. A mitad de recorrido se sale por un paso fuera del agua de unos 50 metros y se vuelve a ella para completar la segunda vuelta y hacer los 4 km. Espectacular! Casi 2000 personas en el agua y muchas otras más a las 7 de mañana animando

La segunda vuelta se me hace muy pesada pero el final de esta prueba se acerca, nadar 1 hora es muy pesado, sobre todo si no es lo tuyo. Por fin estoy fuera, me desabrocho el traje de neopreno hasta la cintura, me quito el gorro y las gafas y veo a las chicas que me reconocen. Venga Miquel!!!

Empezamos la bici a poco mas de las 8 de la mañana y aunque hace frío se pasa con la tensión de los primeros kilómetros. Es sorprendente que en km 10 de la bici me pasa mi amigo David que normalmente nada más rápido que yo, le saludo y le digo que no le sigo, ya que el va mucho más que yo en la bici y prefiero ir a mi ritmo. También me comenta que Xavi y Eduard van por detrás. Parece ser que me he salido en la natación, ya que todos ellos nadan mucho mejor que yo, pero queda mucha carrera y esto es una competición individual.

Xavi me coge en el km 25 y le digo que iré con él unos kilómetros, veo que va a un ritmo asequible (él era ciclista y mucho mejor que yo en la bici) y me propongo aguantar su ritmo un poco más. Es increíble como estoy, muevo el desarrollo muy bien y las subidas (mi punto débil) las hago con mucha fuerza. Vamos pasando por unos pueblos para los que carrera es una auténtica fiesta. Gente en la calle todo el día, con bocinas, chicas vestidas de animadoras con pompones, familias haciendo barbacoas al aire libre por si algún ciclista quiere algo,..., realmente nada parecido a lo que hasta ahora había visto. Impensable de ver por aquí.
Del segmento ciclista me quedo con dos momentos.


El primero es un punto llamado “the Beast” (la bestia), en un pueblo con una subida adoquinada de unos 300 metros, no muy dura, pero con los botes que hacia la bici era algo difícil de imaginar lo duro y espectacular a vez que se hace (todo el pueblo en la calle) y el segundo punto realmente mágico es la llamada Heartbreak hill (“colina de los corazones rotos”, y no precisamente de amor, os lo aseguro). Es una subida de 1 km aprox., con un espacio para pasar que no caben mas de dos ciclistas en paralelo, a veces incluso uno, de la gente que hay. El pasillo es inicialmente cerrado y se va abriendo conforme se acercan los ciclistas. También hay unos mega altavoces distribuidos por la subida con música ensordecedora que anima al público, y a la vez este también a los atletas.


Es imposible describir esto con palabras, hay que vivirlo, pero la subida que es realmente dura, se hace incluso corta por la magia que se crea entre público y triatletas. En ese instante, te sientes como un auténtico ciclista profesional subiendo la mas dura de las montañas del tour. Es la segunda imagen mas impactante que se me ha quedado que esta carrera. Además, como el circuito de la bici eran dos vueltas de 90 km, se pasaba dos veces por aquí.

Los kilómetros iban pasando y yo seguía a muy buen ritmo, siempre a la par con Xavi, que me dice que vamos muy rápido (los primeros 90 km a 35 km/h de media) y que voy que salgo, a ver si lo voy a pagar después...

La segunda vuelta de la bici se hace muy dura, ya que se levanta un viento muy fuerte, y el circuito está compuesto por muchos “toboganes”, continuos sube-bajas que son verdaderos rompepiernas. Ya que he hecho la primera vuelta con Xavi, me propongo hacer también la segunda con él, voy a por un tiempazo en este sector. A ver si aguanto.

Vuelvo a repetir muchas sensaciones de la primera vuelta, pero notando que no voy tan fino como antes, el esfuerzo, los kilómetros y el viento empiezan a pagar factura. Voy comiendo religiosamente en casi cada avituallamiento y cada 30 kilómetros. En el 140 de la bici, me encuentro con David, que le duele un pie (se hizo un esguince de tobillo una semana antes, también es mala suerte) y vamos los tres un rato juntos. Nos vamos separando y uniendo. Sobre el 150 me cogen 15 kilómetros de ligera “pájara” y no tengo nada más que comer y la bebida no es suficiente.


Se acerca la subida de Heartbreak hill y la subo con mucha más dificultad que en la primera vuelta. Estos alemanes, mira que poner algo así en el kilómetro 170... Al final de la subida me como dos plátanos y me recuperan al instante. Los 5 últimos kilómetros son de bajada y aprovecho para recuperar. Nos juntamos David, Xavi y yo y entramos juntos a la transición para empezar a correr.

En la carrera ya no hay compañeros. Eres tú contra ti mismo. Son tres vueltas de 14 kilómetros por un parque al lado del río, con miles y miles de espectadores nuevamente durante toda la carrera que no paran de animar. Los primeros 10 km los hago a un ritmo constante y sin pararme. A partir de ahí, cada avituallamiento (cada 2 km) intento beber y comer alternamente, y paro un poco para recuperar. Dios! qué fácil es andar y que difícil es correr... Completo la primera vuelta y pienso que aún me quedan dos. Pero si esta se me ha hecho eterna!

Mucha gente me comentó que encontraría en la maratón (nunca había hecho una), el muro del km 30, pero yo encontré un muro a cada km. Pensaba, si ando, llegaré, aunque un poco más tarde pero llegaré. Pero igualmente pensaba que si andaba, aún alargaría más el momento de acabar... Sigo avanzando, la segunda vuelta la hago en algo más de hora y media, pienso que aún me queda otra vuelta igual. Julio, Jordi y Felix van muy adelante y cuando yo voy a hacer la última vuelta ellos ya van para meta, que suerte, la envidia me consume en esos momentos, yo también quiero entrar... Pero hay que seguir, no pasa por mi cabeza jamás la opción de dejarlo. Simplemente está la duda de correr o andar, continuamente.............

Venga, otro kilómetro más, 24,25,25,..,30, 31, 32,... Me voy cruzando con Xavi, que va justito pero bien y a David lo pillo en el km 36 (aún quedan 7!!). Le duele el píe y tiene las cagarrinas de la muerte. Ha tomado algo y no le ha sentado bién. Vamos juntos 3 km pero se para en un WC de los del circuito.

En una carrera como esta te pueden pasar muchas cosas, pinchar o que se te rompa algo de la bici, pasar hambre, sed, dolores de piernas inesperados, de barriga... Yo por suerte, a parte de los dolores musculares propios del paso de los kilómetros, el resto perfecto, como casi todos los del club. El día ha sido perfecto. Sol y ligero calor, lástima del fuerte viento de la bici, hubiéramos acabado antes, la segunda vuelta la hicimos mucho más lenta que la primera.

Me voy aproximando al final del circuito cerca del río y paso por el último avituallamiento, km 40, me refresco y empiezo a correr con un poco de mas fuerza, llego al 41 y empiezo a saludar a la gente que me aplaude y dicen mi nombre (está escrito en el dorsal para que los ánimos sean “personalizados”, magnifica idea!). Paso por el 42 y los 196 últimos metros son por una alfombra azul con un metro de ancho, rodeado de gente y acabando en la plaza del centro del casco antiguo de Frankfurt, con unas 2000 personas en unas gradas que han montado. Suena música estridente, hay un espectáculo de humos y luces cada vez que entra alguien, suben la música y lo ponen en marcha con una canción diferente.

Yo al entrar en ese lugar se me pone toda la carne de gallina (brazos, piernas, cabello) y empiezo a gritar y levantar los brazos mirando al público. El griterío es impresionante, no recuerdo que canción me pusieron. En esos momentos, eres el rey del mundo, es tú momento, se disfruta cada uno de los metros que componen los últimos metros.... Siiiii!!!!!! por fin paso el arco de llegada, con unos 5 fotógrafos y otras tantas cámaras de video captando el momento. Me entregan la medalla de “finisher” y me la cuelgo al cuello. Ya está, tanto tiempo soñando con este momento y ha llegado. Estoy cansado pero la satisfacción lo compensa todo.

Ahora entiendo el lema del Ironman; “cualquier cosa es posible”. Realmente es así, si te propones algo, puedes llegar a conseguirlo. También dicen que una vez Ironman, eres ironman en la vida. Cualquier cosa que te propongas la puedes conseguir. En estos momentos, yo creo que sí.

Al acabar la carrera comentamos como ha ido y afirmo con toda seguridad y pleno convencimiento que jamás volveré a hacer otro Ironman. Es quizás, el momento de mi vida que más he sufrido, no solo físicamente, sino mentalmente para poder aguantar el esfuerzo y no parar. Hoy es lunes y hemos vuelto de Frankfurt. Nos llamamos sobre las 21h o así y todos ya estamos pensando en cual vamos a hacer el año que viene... mmmmm... porque no!

Fui a Frankfurt en busca de un sueño y lo he conseguido. Buscad vosotros el vuestro y también lo conseguiréis. Estoy seguro.

11h39m59s
Ironman

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 © Miquel Morales.

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